Corazón infantil y
corazón adulto

Hoy quiero hablarte de las corazas… de esa parte de ti que siendo muy pequeño/a aprendió a defenderse en momentos de dolor.

Cuando vienes al mundo gozas de una tremenda abertura y dependencia de tus cuidadores, ese niño/a que fuiste estaba totalmente expuesto a las circunstancias del hogar en el que creciste.

Tus padres o cuidadores, estoy segura, han hecho lo mejor que han podido para cuidarte y amarte en tu crianza, y te han dado lo que han tenido.

Una persona no puede dar lo que no tiene para sí.

Aquí radican las dificultades que quizás te has encontrado a la hora de vincularte en tu infancia y como adulto.

Es decir, tu forma de vincularte está determinada, por el estilo de apego que viviste en tu infancia, si podías expresar tus emociones, si tus necesidades de afecto y seguridad fueron atendidas, si tuviste momentos de cercanía corporal con tus padres, si ellos estaban disponibles para ayudarte a gestionar tus emociones, si te trataban con respeto o eran habituales episodios de falta de respeto, humillación entre ellos o hacia tí.

Todos estos patrones modelaron tu forma de vincularte y configuraron tu sensación de carencia o de seguridad a la hora de relacionarte íntimamente con los demás.

Hoy día contamos con investigaciones realizadas con niños que solo fueron atendidos alimenticiamente en contraposición con otros que sí fueron atendidos afectivamente, los últimos desarrollaran habilidades de forma más temprana a nivel motor e intelectual. Es una necesidad básica para los humanos el soporte afectivo.

Ese niño/a que se sintió abandonado o no atendido, aprendió estrategias para alejarse de ese dolor y contacto que le generaba sensaciones muy intensas y que en un niño/a pequeño/a lo ponían en un riesgo de supervivencia real.

Así pues generó una coraza, para sobrevivir a lo que era excesivamente intenso de asimilar:

  • Ocupándose de las necesidades de los adultos

  • Siendo distante

  • Generando conflicto para ser visto

  • Desconfiando de lo de afuera

  • Siendo seductor, bromista, etc… diferentes patrones según cada persona.

Hoy día como adulto es posible que estos patrones te estén impidiendo relacionarte de forma satisfactoria contigo y con quien quieres…, sin embargo nada es tan determinante para que no se pueda reconstruir.

El camino es ir a dentro a apoyar como el adulto que eres ahora a ese niño/a que aún con ese corazón infantil pretende seguir ocupándose de los demás para ser amado, llamar la atención de los demás de formas poco constructivas para ti o vincularse desde el sentimiento de «así como soy no soy suficiente por tanto he de aguantar en las relaciones cosas que en el fondo son dañinas para mí».

El adulto que eres hoy día necesita responsabilizarse de ese niño/a que mal entendió el amor y tiende a abandonarse, a rechazarse para conseguir amor fuera… y acogerle, así poco a poco desarrollar este corazón más adulto contigo, siendo capaz de no venderte por “ amor “ y respetándote en todas tus peculiaridades, para vincularte de forma digna y sana.

Algunas herramientas que pueden ayudarte.

  • Crea un momento en tu día a día para conectar con tus sentimientos, razonar es una gran herramienta que no ayuda a la hora de conectar con tus sentimientos, acompáñate cuando estás triste, enfadado, alegre, y date espacio para sentirte tal cual.

  • Haz cosas que te hagan sentir vivo, vital… salir a la naturaleza, tener tiempo libre, hacer deporte, bailar… cosas que te conecten con el gusto de vivir.

  • Si tiendes a ocuparte mucho de los demás, tómate un descanso de este hábito y date tiempo para ocuparte de ti.

  • No transijas con cosas que no te apetece hacer en la sexualidad, en el día a día con tus relaciones y contigo.

  • Comprueba con los demás si de lo que desconfías es cierto, ve creando comunicación clara con las personas que te importan.

  • Pide lo que necesitas de forma asertiva y clara, deja de manipular al otro cuando necesitas algo de él, pídelo como un adulto arriesgándote a ello.

El corazón del adulto florece cuando el amor hacia ti es firme y bondadoso.

Elegir a las personas con las que queremos intimar desde este corazón adulto, responsable de sí mismo, nos evita relacionarnos desde la carencia y entrar en relaciones que nos menguan la autoestima y la confianza en nosotros mismos.

A veces tenemos que aprender de estas relaciones para distinguir y valorarnos más y mejor… forma parte del camino, perderse algún rato.

Siempre que te pierdes vuelve a ti, más sabio/a y más firme con tu amor a ti.

Buen viaje… a este camino de reencuentro contigo.

Con amor, Pushya.

Imagen: Steven Van Loy

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